Cuento de los tres perros -1 de 2-

8:47 AM En el interior de un autobús urbano, por el Boulevard que atraviesa de lado a lado la Ciudad Lejana, viaja un tipo con la mirada absorta y el pensamiento insano. Pegando la oreja a la ventana parece observar cualquier cosa en el escaso horizonte que le queda; una garnachera rodeada de clientes hambrientos, una señorita atractiva que espera, un coche de lujo aparcado frente a un banco, un par de niños jugando a ser grandes, coches en sentido contrario, un árbol con forma de pato, una mujer intentando cruzar desde el camellón; aunque realmente nada de eso turba su vista perdida. De pronto en el autobús se siente un brinco inesperado, un bache que el Departamento de Obras Públicas no tapó, un tope que parece barda y que extrañamente el chofer no vio o tal vez un perro imprudente que se atravesó; a quién le importa.

8:32 AM Este Tipo sale de su casa con el semblante de los que están por ser fusilados, sus manos le tiemblan y casi tropieza con las bolsas de basura que la vecina sale a dejar cada tercer día cerca de la banqueta. Intentando calmarse un poco abre la maleta y saca su Ipod, un poco de música debe tranquilizarlo; el evento de la tarde le preocupa sobremanera y no sabe si saldrá bien librado o si su existencia se reducirá a recuerdo, malo o bueno tal vez.

En el playlist suena Master of Puppets de Metallica a todo volumen, lo que impide que el tipo escuche los sonidos a su alrededor; aunque eso no importa pues su situación lo obliga a no dejar de pensar lo que está por pasar y en sus pocas posibilidades de destino. Caminando con la vista sobre el suelo, hacia la parada del autobús que le lleva todas las mañanas al Centro de la ciudad, va el tipo perdido en sus pensamientos. Tal vez fue un acorde de guitarra en la canción o una piedra en forma de pato a media banqueta lo que lo hizo volver en sí y mirar sin querer a la puerta de un taller mecánico donde un niño y un perro Jack Russell estaban apostados. Algo en la apariencia de ese perro llamó la atención del tipo, algo inexplicable, increíble, pues le dio la impresión de que movía el hocico y que articulando palabras conversaba con el chico. Pensando en lo imposible del asunto volvió a sumergirse en la propia imposibilidad de mantenerse con vida esa noche.

8:45 Un curioso hilo de baba escurría por su lengua, los ojos pelones, negros como su suerte; las cuatro patas agiles coordinan movimientos asombrosos y complicados aunque su zancada es corta y parece no avanzar nada; en el cuello lleva un listón con una medallita grabada con el nombre de “Calabacita”. Su dueña lo presumía constantemente con sus amigas, Calabacita esto, Calabacita lo otro, Calabacita aquello; si por ella fuera, Calabacita sería el french puddle con más cualidades del mundo, el más premiado sin duda, aunque claro, él se conformaba con sus recurrentes besos de lengüita.

Desgraciadamente para Calabacita, ese no fue su día. La noche anterior su Ama tuvo visita en casa, un amigo que bebió más de la cuenta y se encerró con ella en la recamara que compartían. Cuando el amigo se fue, Calabacita pudo por fin acostarse en la cama, pero no por mucho tiempo porque amaneció demasiado rápido. La mañana estaba rara, su Ama estaba retrasada y no le dio su besito ni la lechita tibia acostumbrada; para colmo, al salir a la calle lo dejó afuera, encendió el coche y se perdió a toda velocidad ante su mirada pendiente y sus ladridos desesperados.

Por eso Calabacita corría apresurado tras el coche de su Dueña. Lo siguió hasta la salida de la colonia y lo comenzó a perder cuando entró al Boulevard; en el mar de llantas, placas traseras y humo, el coche de su dueña y su olor característico se perdieron, pero Calabacita seguía y seguía con sus ojitos negros y su lengua babeante. De pronto su ser se confundió con un bache o un tope entre las llantas de un autobús con destino al Centro.

9:00 AM Ella era extremadamente puntual. Siempre fue modesta y rechazó todo tipo de halagos y cumplidos, le chocaba la presunción y los fantoches que en la ciudad abundaban; si en algo podía contribuir para combatir el farsantismo en el mundo, lo haría con su actitud humilde y reservada, evitando siempre a los lamebotas que le querían inflar el ego a cada momento. Pero no podía escapar a la satisfacción que le daba su puntualidad, llegar a la hora exacta, al lugar convenido, a la cita galante o a la comida anhelada era lo poco que se daba el lujo de presumir.

Con el tiempo acostumbrado saludó con todo y bastón a la secretaria que aguardaba a la entrada de su oficina, en la mano derecha llevaba una correa que jalaba, con la fuerza adecuada, su flamante perro lazarillo, un Pastor Alemán que medía más de un metro. Detrás de la dama venían sus dos guaruras, un par de gigantones con chamarras de piel y pistolas bajo el brazo que le cuidaban la sombra a todas horas; ambos se quedaron haciendo guardia frente a la puerta. De inmediato atravesó el lugar seguida de su secretaria; en un perchero colgó su abrigo negro con gran destreza, como si pudiera ver; luego caminó hasta su escritorio, se sentó en la silla de piel, se recargó un poco y soltó un suspiro como anticipando lo pesado del día; a sus pies se echó Tommy, el perro guía que a todas partes la acompañaba. Pese a ser una mujer invidente, era una importante jefa del bajo mundo y el crimen de Ciudad Lejana.

-Rita, necesito que me traigas los documentos que te pedí en Braile, un café bien cargado, unas donas para Tommy y cierra la puerta-.

-Si señora no tardo-.

En cuanto Rita salió de la oficina, la dama tomó el control del estéreo que adornaba la sala y encendió el reproductor. Con habilidad eligió una selección, apretó play y de inmediato comenzó a escuchar uno de sus placeres culpables: Las Llaves de mi Alma de Vicente Fernández, una canción que le recordaba un amor imposible del pasado, pero que escuchaba a solas para que nadie contaminara sus recuerdos de tiempos mejores. Apenas iba a conectarse con la primera imagen idealizada de aquel hombre cuando un disparo turbó su realidad oscura y la calma de la mañana.

9:06 AM Entre cientos de sonidos, que inundaban el ambiente, Tommy reconoció los acordes de la canción que la Señora repetía todas las mañanas, por eso suspiro humedeciendo el suelo con la brisa de su nariz. De pronto un ruido que ya había escuchado antes apartó a los demás, su primer impulso fue levantar la cabeza y cruzar las patas; luego el ruido se repitió de nuevo, una pausa y luego muchas veces, eran detonaciones y el olor a pólvora despertó su olfato, se apoyó sobre sus cuatro patas y se encaminó a la puerta, pero la Señora jaló la correa y lo arrastró tras el escritorio. “Espera Tommy”. El can reconoció entre los balbuceos de la dama las palabras mágicas, las detonaciones cesaron. “Espera Tommy”. Sus orejas alertas y el olor a sangre le hacían hervir la suya. De pronto la puerta llena de agujeros se abrió de golpe y una silueta encapuchada entró a la habitación gritando palabras. “Dónde estás hija de la chingada”. El instinto le impulsaba a saltar por encima del escritorio y atacar pero la correa seguía tensa. “Ya maté a tus dos perros allá afuera, pero ya veo que te queda uno más, un pastor alemán”. Tommy ladró, sabía que se referían a él. “Es un  German Shepherd, idiota ignorante”. Más detonaciones. La Señora cayó sobre su silla de piel aflojando la correa, el instinto le indicó el momento oportuno y saltó sobre el escritorio sobre la silueta de negro transformada en hombre, lo tiró al suelo, sus uñas sobre el piso y su colmillos hundiéndose en la tela y la carne fresca, el olor a sangre y los jirones desgarrados de tela y piel. Tommy nunca entendió realmente lo que era estar ciego, a pesar de ser un lazarillo efectivo, una detonación le ayudó a comprenderlo por un instante y luego a la nada.

9:30 AM El Tipo bajó del autobús con el semblante desorientado, como si hubiera despertado de un sueño, como si una pesadilla lo hubiera turbado. Todo el camino hasta el Centro lo pasó pensando en el evento de la tarde, pero ya era hora de despabilarse y empezar con la primera parte del plan; esa mujer tenía que apoyarle. Caminó por tres o cuatro cuadras sin inconveniente hasta que en una esquina se encontró con una mujer corriendo a toda prisa con la mirada desencajada y una bolsa con donas en la mano. Guardó el Ipod en la maleta y siguió caminando, ahora escuchaba gritos y observó a más gente salir corriendo, algunos tropezaban en la acera, otros caminaban volteando hacia atrás con miedo; dos cuadras más adelante el tipo llegó a su destino, las puertas abiertas, el olor a pólvora.

Ver el cadáver de un hombre vestido de negro, encapuchado, a la entrada del lugar era algo sorprendente, su curiosidad le hacía caminar más allá, al interior. Caminando entre la sangre descubrió dos cuerpos más entre el desorden, chamarras de cuero, pistolas en mano con ojos desorbitados. Era la entrada a la oficina de la Reina del Crimen, la persona que podía salvarle la vida y que no lo haría porque probablemente era un cadáver más como los anteriores. El espectáculo era terrible en general, dos cosas llamaban su atención poderosamente: la mujer que no le salvaría la vida esa noche, bañada en sangre, y un perro muerto sobre el escritorio. Con las piernas temblorosas caminó hacia el cadáver de la dama cuando sintió un cañón en la nuca y escuchó las palabras quemantes:

-¡A ver cabrón! Me caíste del cielo, ahora me vas a ayudar a limpiar esta mierda-.

No te pierdas la Conclusión en el -2 de 2-!

todos quieren ya ser gatos jazz!

16 comentarios

Archivado bajo Literatura

16 Respuestas a “Cuento de los tres perros -1 de 2-

  1. Se lo calabacearon… 😦

  2. Oh! No me gustan los perros pero tampoco me gusta que se mueran, snif…. quiero saber que pasa con el perro que habla….yaa! ja ja Y si pobre calabacita….. snif.

  3. Muy atrapante este relato. Espero la segunda parte, me gustó bastante.

  4. Vutter: ¿Cuál Perro que habla?

    Vertebreaker: Gracias mi buen!!

  5. Ja ja ja pues este… bueno el que parece que habla…. “Algo en la apariencia de ese perro llamó la atención del tipo, algo inexplicable, increíble, pues le dio la impresión de que movía el hocico y que articulando palabras conversaba con el chico.”……… ese no se murió o si? a ver deja leo de nuevo…

  6. Yeeee, te hice volver a comentar!

  7. u___u no hay dibujos… u___u

  8. jejeje se solicita dibujante para ilustrar mis historias.. ¿Quién se apunta?
    ——————————–
    Le quería poner fotos de perros pero no ‘pelan un chango a mordidas’.
    Además lo mejor es imaginarse el pedo.

  9. drrey

    esta con madre la historia master pajon….

  10. Gracias Doc.. (Exagerado este!)

  11. drrey

    uuuuuuuhh uno que lo quiere ensalsar y magnificar y asté que se ofende…..no vuelvo a hablar ni a opinar….jajajaja naaa si no es pa´tanto

  12. teodoro

    yo puedo hacer los dibujos contactame

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