Amo Amor a Tres

Uno de los (tantos) problemas de estar en la casa de estudiantes donde vivía era que, al menos una vez al año, estabas encargado de la comida por una semana; menú, compras, y si las cocineras no asistían, eras el responsable de hacer la comida. Lo bueno es que tienes “esclavos” y ellos me ayudaron aquel día de agosto, entre ellos dos buenos amigos míos: Alberto y Cristian. Alberto es abiertamente gay y Cristian es bisexual.

Mientras hacíamos sándwiches de cena para 70 personas, Alberto llegó y de forma divertidamente altanera comenzó a decir

Alberto: “¿Qué, eh, qué?”

Cristian, respondiendo con el mismo tono: “¿Qué de qué?”

Yo: “¿Tu qué?”

Alberto: “¿Pos que, cogemos o qué?

Los tres reímos, pero respondimos “Pues va”.

Había otro amigo mío ahí, quien hace unos minutos me estaba contando sus penas casi llorando, pero no podía echar a perder una posible oportunidad para coger sobretodo, debo de confesar, a Alberto. No porque estuviera enamorada de él, pero es el único gay al que le dije que era una pena que le gustaran los hombres. Cuando me di cuenta que se dirigían a mi cuarto (que era el más cercano la cocina) fui rápido por mi sudadera y dejé a mi otro amigo hundido en su tristeza a cargo de la cena. Subimos al cuarto riendo pues, en teoría, era una broma. Al llegar nos sentamos en la cama de mi cuarto, riendo y volteándonos a ver, supongo que pensábamos en quien empezaría. Alguien dijo “Deberíamos de irnos, no vamos a hacer nada, ¿O sí?”, estábamos a punto de irnos cuando de pronto Alberto se quita la playera, Cristian y yo nos volteamos a ver, fue ahí cuando se tornó serio. Comencé a besar a Cristian, quien al poco tiempo me empezó a meter mano y quitarme la ropa. Saqué a princesa Sofía de su cajón, se lo di a Cristian, mientras Alberto estaba acostado en la cama matrimonial diciendo que no iba a poder, mientras intentaba tocarlo, que no era nada personal, pero era mujer y no se le iba a parar. Así que en lugar de preocuparme por él, empecé a disfrutar de lo que me hacía Cristian mientras intentaba calmar mis gritos tapando mi boca con la rodilla de Alberto.

Dicen las buenas lenguas que gimo fuerte y rico, al parecer lo suficiente para que un amante exclusivo del pene se anime a tocarme y besarme el pecho. No lo creía, no pensé que se animara, por un momento creí que solo iba a ser un espectador más, pero la manera en cómo me tocaba denotaba experiencia. Me prendí aún más cuando besó a Cristian. Tenerlos frente a mí besándose y tocándome fue sublime. Ahí tuve el primer orgasmo de la noche. Y ellos lo notaron de inmediato, pues cuando acabo de tener un orgasmo río, no de manera despectiva y ruidosa, es una risa tipo agradecimiento. Que puedo decir, los orgasmos me hacen feliz. De pronto los tres estábamos desnudos, Alberto le propinaba un merecido handjob a Cristian.  Hacían pausas solo para ordenarme que dejara de hacer ruido, taparme la boca o nalguearme. Como buena sumisa que soy, les hacía caso a todo lo que me dijeran. Me encantaba, no podía negarlo, mis gemidos eran tan fuertes que sentía que en cualquier momento  mis vecinos llegarían a callarnos. Nos movimos para estar todos más cómodos en la cama, fue cuando Alberto comenzó a reír porque no sabía cómo apagar a princesa Sofía. Reímos todos. Creo que puse música, no lo recuerdo, lo que si recuerdo (y muy bien) fue que Cristian encaminó el pene de Alberto hacía mi vagina. Si antes estaba caliente ahora hervía, la verdad coge muy rico (y se lo dije), mientras Alberto me daba, Cristian lo besaba, la escena era “riquísima”, no dejaba de venirme una y otra vez.

Era la primera vez que le quitaba la virginidad a alguien, no digo que Alberto fuera totalmente virgen, solo que nunca había estado con una mujer. Me retorcía de placer. Admito que ese acontecimiento me subió un poco el ego.

Al parecer Cristian se puso algo celoso y apartó a Alberto de mí, para poder darle las nalgas. Aunque había visto porno gay, no podía perderme la oportunidad de verlo de cerca. Lo sé, mi nivel de perversión es alto. Así que mientras se la metían a Cristian, de a perrito, aproveché para ponerme debajo de él, de tal modo que le daba sexo oral y justo frente a mis ojos estaba la mejor vista del mundo, no dudé en tocarme y venirme de nuevo. Al tiempo ellos se separaron, pensamos en la hora que habíamos estado juntos y que era tiempo de regresar a las labores, sobretodo porque en algún momento alguien tocó la puerta. Nos vestimos y regresamos a la cocina, nos veíamos y sonreímos, nos lavamos las manos y seguimos haciendo la cena. No sin antes prometer que no comentaríamos con nadie lo ocurrido, promesa que a los meses rompimos los tres contándole, curiosamente, a la misma persona.

Desde entonces aprovechábamos cualquier momento a solas para besarnos y tocarnos los tres. Aún recuerdo esa tarde en la que untamos nutella en pecho de Cristian o cuando viajamos en camión/metro y me besaba con Cristian o Alberto y luego ellos se besaban, la sorpresa de la gente era tal, que incluso una señora le tapó los ojos a su hija de (aproximadamente) 6 años.

Durante una fiesta, Alberto se puso lo suficientemente borracho para besarme la boca y el pecho (gracias al prominente escote que llevaba) frente a varios habitantes de la casa del estudiante, acto que ellos miraban extrañados, pues se suponía que únicamente le gustaban los hombres. Y no tardaron en generarse rumores, pero jamás dijimos nada.

Prometimos repetirlo y en verdad quería que pasara de nuevo, pues había otras cosas que quería probar, pero por varias cuestiones no se pudo.

Clasificado como el mejor sexo que he tenido, confieso que algunas veces pienso en ello cuando me masturbo. Es una fantasía que no creí podría cumplir. Y aún tengo fe en que lo haré de nuevo, tal vez no con los mismos, pero espero se repita, pues confirmé que “Amo el amor a tres”.

3 comentarios

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3 Respuestas a “Amo Amor a Tres

  1. Ojalá todo fuera tan facil como decir “va”

  2. Supongo que ya traíamos ganas :p

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