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La Larga Caída de Ángel Caído (Favor de No Levantar)

Y que me fui a ver Ángel Caído. En gran parte era nada más para atestiguar cómo los buenos diseños de artistas locales de mi rancho habían sido aplicados a un medio más allá del 2D de la hoja de papel. Y la verdad fue una experiencia densa y pesada como una manda.

El Poster Genérico

Respeto bastante el esfuerzo del equipo creativo, los diseñadores y algunas de las actuaciones, pero la verdad es que está escrita con las patas y pensada con la cola. Mezcla momentos en que sobreestima el papel de la audiencia para que llene huecos imperdonables en ausencia de un narrador que explique tanta mamada,  con momentos en que subestima al público con chistes malos, revoltijos sin sentido de varias mitologías, y unos personajes terriblemente mal desarrollados.

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Yo Trabajé para el Crimen Organizado

Era 2006, y yo estaba buscando cómo engordar la cartera para poder irme de vacaciones con la increìble Yohanna, una amiga que es casi mi hermana, allá al DF y de ahí a donde se nos antojara. Así que busqué un empleo de medio tiempo para sumarlo al de tiempo completo y que me fuera fácil dejar. Me compré el periódico, me senté a comer en un centro comercial y busqué. Casi todos los anuncios eran de vendedores, de empleadas de costura en una maquila, o de carreras que no podían tener que ver con la mía, o en su defecto que exigían horario completo por menos sueldo del que ya tenía.

Mis vacaciones tenían que ser al menos así de épicas. Pero sin playa, me zurran las playas.

Pero hallé un anuncio peculiar: trabajaba donde yo quisiera, el chiste era nada más saber inglés y poder entregar a diario, de lunes a viernes, un texto de una cuartilla en el que se estuviera promocionando un producto en turno. Hablé al número especificado en el periódico, y me respondieron que tenía el número equivocado, que ese era un número privado. Ni modo, pensé. A ver si mañana publican bien el número.

No tuve que esperar tanto. Al celular me llegó un mensaje disculpándose por la confusión, y que si podía mejor comunicarme a cierto número que no estaba en el diario. Marqué, y me citaron al día siguiente en una dirección que entonces era una de las pocas casas terminadas de un desarrollo habitacional bastante extenso, no menos de 10 hectáreas de pura casa clonada y vialidades estrechas. Ya saben, no diré nombre del lugar. Pues me pareció perfecto, así es que ahí me tienen en la entrevista.

Aunque sea de velador.

De inicio, los entrevistadores eran los mismos dueños de esta empresa cuyo nombre no he de decir, aunque ya ni existe, me pidieron saber qué me motivaba a tomar ese trabajo, les dije que tomarme una semana y media de vacaciones en un lugar desconocido con una amiga preciosa, y me dijeron que llenara una cuartilla hablando de, precisamente, mis últimas vacaciones. Eso hice, llené el texto de referencias agudas, bromas sutiles, ironías inocentes y dejando ver que no era yo ningún pendejo. Les cayó bien, y me dijeron que si podría hacer unos textos promocionando bicicletas. Sure, I can do that. ¿Y publicitando muebles? Of course, in fact I like furniture design a lot. Muy bien. Entonces ¿tienes algún límite que nos quieras hacer saber en cuanto a qué podrías tener como tema y qué preferirías no vender?

Eso me sacó un poco de onda. Supuse que iba a acabar reseñando DVDs de pornografía o algo así, pero les dije que no había problemas y que yo podría escribir a profuso detalle lo necesario para vender un producto. Eso les gustó, y me dijeron que me podían pagar hasta 5000 mensuales si me comprometía a darles un límite de 15 textos de una cuartilla a la semana. Que no tenía más que enviarlos a su correo y que cada semana me presentara a cobrar ahí mismo.

 

Pues a mi correo llegó información. Muchos datos, muchos links, mucha imagen. De ahí tenía que extraer los rollos vendedores. Y no lo vi mal, hasta que abrí los zips y vi que era todo información sobre agentes opiáceos. Desde dosificaciones, formas de consumo, países de origen, cerca de 70 variedades de amapola con sus nombres científicos y las sutiles diferencias de sus alcaloides específicos, los modos de preparación, tiempos de entrega según el origen del producto y recomendaciones para el consumidor casual, el adicto acérrimo y el VIP que podía pagarse unos gramos o unos kilos de extracto de una semilla tan depurada y tan bien mejorada por cruzas de otras variedades que parecía que te estaban ofertando algo tan cabrón, prohibido y caro como una noche con Miss Teen USA, y sin condòn.

Estaba en un dilema. Opiamente.

Al principio pensé que era solamente uno de muchos productos, seguramente legales lo otros, de una gama enorme de importaciones y exportaciones que manejaba la empresa. Así que las dos primeras semanas cumplí enviando los textos, pero ya no sabía si estaría muy ofensivo o muy pendejo preguntarles si en efecto eran traficantes de droga que enviaban mis textos a una lista secreta de contactos de correo siempre en crecimiento y rotación para que eligieran cuál sería su veneno de la semana.

A la tercera semana mejor les avisé que ya no podía trabajar con ellos porque me iba a ausentar de la ciudad un tiempo, por una oportunidad fake de trabajo en, esteee, Hidalgo. Me dijeron con toda amabilidad que borrara toda la información, que sacara otra cuenta de correo y les diera la contraseña de la mía, previamente vaciada, porque ellos estaban interesados en conservarla (ahí perdí mi cuenta de saiyanpower@********.com), y que como todavía no firmaba contrato, fuera a dejar mis datos sompletos por si se ofrecía nuevamente contactarme, y en ese momento me darían mi cheque.

Primer trabajo del que me fui sin verme así.

Sobra decir que abandoné la cuenta sin darles nada, cambié mi celular, no me presenté a cobrar ni a dejarles el resto de mis datos, y no me volvieron a contactar. De todos modos me acabé yendo una semana y días con Yohanna a pasárnosla bien, aunque tuve que esperar muchos meses más que los originalmente planeados. Y estuve meses mirando sobre mi hombro, preocupado de que fuera yo, por mis pocas semanas de contacto, un cabo suelto que sabía demasiado como para dejarlo ir sin al menos una pierna rota en advertencia de mordaza.

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Nippix

Yo soy Nippix
Tú eres Nippix
Todos somos Nippix

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Omar Caxevil: Tiffy redux

Es de hombres bien nacidos aceptar los errores propios. Saber cuándo se ha metido la pata y aceptarlo con sus consecuencias. Tragarse el orgullo y decir “Así es, México, atravesé un límite que no debí, lo sabes y lo sé.” Se necesitan años para forjar una reputación que puede caer en segundos ante la revelación de nuestros más viles secretos y nuestras vergüenzas más amargas.
Macho, macho man
Pero eso no me pasó a mí, sino a nuestro bien recordado Omar Caxevil, a quien recordamos este año conmemorando la muerte de su alter ego, Tiffy Lime, la japonesita con familia en China que vivía en Veracruz y se fue a fijar en un chango subhumano, ni siquiera en un lanchero, como el amor de su vida.
Ok, ya sabemos que eso nunca sucedió, pero aquí en Nippix somos seres evolucionados moralmente y por eso queremos darle la oportunidad de que venga a decirnos que efectivamente se inventó toda su dramatización y su Tiffy y demás. O ese era el plan, hasta que EN EXCLUSIVA recibimos en nuestras oficinas editoriales este NUEVO VIDEO, aclarando de una vez por todas cuál era la realidad tras el asunto Tiffy.  Observen a Omar redimido ante sus ojos como jamás antes hombre alguno lo había sido en la historia:
¿Caso cerrado? ¿Caso en proceso? ¿Caso perdido? No lo sabremos a ciencia cierta hasta que no venga a explicarnos. De cualquier modo, el señorito es noticia, muy a su pesar o muy a su placer.
*Un saludo y un agradecimiento a Ihave500g por sus buenos oficios, jajaja. Te pasas, miermano. 😄

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Creo que No me Caes muy Bien

El odio es bueno, me mantiene activo y con prejuicios objetivos. Bueno, quizá no. Yo tengo unas broncas profundas pero no necesariamente recorosas contra:
– Luis Miguel. En verdad, su onda gastadísima de querer mezclar trompetazos de blues con mariachis con letras hechas para ritmo de bolero en un fondo retropop es solamente superada en bajeza por sus malos intentos de traducir éxitos en inglés a un público en español. En serio, el tipo no toca instrumentos, no baila ni por dinero, canta todo con el mismo tonito sangrón, y está operado de partes obvias. Es el cantante “con clase” para los que no conocen a nadie fuera del TV Notas.
 
– Tacos de tripas. Son muy populares, pero cuando paso por los puestos nada más capto un olor a abono frito. Luego me entero que efectivamente, las tripas son conducto del excremento, y por eso huelen así. Grasosos, apestosos, ¿sabrosos? Nunca lo sabré.
– La playa. Cualquier costa turística me hace sentir más incómodo que vegetariano en parrillada. Por cada chica deliciosa en bikini te tienes que meter por los ojos cuatro gorgonas horrendas que no debían quitarse ni los zapatos. El clima es una patada en los dientes, la comida cara y los mariscos no me gustan. El sol no me tuesta ni broncea: 15 minutos en el sol me pasan de blanco a rojo y la espalda ardiente y texturizada como tocino frito. Puedo pecar más a gusto desde mi ciudad, gracias.
– Los mariscos. Camarones, pulpo, ostiones, calamar, langosta, cangrejo… todos me asquean visualmente. Si como atún es porque viene enlatado y amorfo, pero que te lleven en un plato una animal completo que parece una mutación de insecto gigante, o un feto de alienígena, o hacerle la autopsia a cucharadas a un pescado que te contempla con sus ojos muertos no está chido en mi lista. Sorry.
– El automovilismo. No te me ofendas, Ferrari1, pero la verdad es que no entiendo cómo lo consideran una competencia deportiva. Sé que les fascinan, pero es un evento de mecánica, y para eso hay máquinas mucho más impresionantes y veloces. Dirán que los pilotos pasan por un calvario en cada competencia, pero eso es una estupidez, desde que lo que cuenta es el desempeño del automotor, y el lugar en que quede, no hay premio al esfuerzo. Esos choferes son operarios de maquinaria pesada, punto. Son gamers en nintendos con ruedas, vendidos a marcas y rodeados de porristas. Pero no son atletas. Venga el odio.
– Los Toros. La salvajada sobrevaluada de la fiesta brava. Sádicos en trajes feminoides, entrenados y armados contra un hervíboro con cuernos limados y sin entrenamiento de defensa ni ataque, lanzados medio ciegos a una muerte lenta, dolorosa y violenta, para el regocijo de gente que va nada más a embrutecerse de ebrios y ver sangre. Ah, y esos bailarines tampoco son deportistas, son cirqueros glorificados.
– La religión. Sé que es muy popular y que hasta hay gente que costruye su vida alrededor de ella, pero sé que es un fraude serio y un negocio redondo a costa de los crédulos y los débiles. Nunca he de perder oportunidad de marcar mi desprecio por esos traficantes del miedo y el castigo, de la falsa esperanza y las promesas absurdas que viven de ser venerados por los suplicantes de un perdón que no necesitan. En todo el mundo, esos hechiceros son una vergüenza de eras previas a la ciencia y el buen conocimiento. Odio la espiritualidad como un refugio de la ignorancia en una época cuando la religión es una respuesta equivocada a preguntas que ya tenemos resueltas con métodos y comprobaciones. Pero sí, entre más organizada, más daño social hace una religión.
Uta, los rednecks. A mí se me hacen trágicamente graciosos. Como que son la escoria inexcusable que resulta de ser ignorantes por adicción a la idiotez misma. Decidieron por convicción tomar lo peor del gringo y volverlo un estilo de vida mal idealizado.
Me caen mal también, pero para nada como el odio interminable que tengo por los pseudonarcos, los rancholos, los narco-corridos, las taradas que buscan embarazarse del novio justo antes de que se vaya “pa’l otro lado”, los imitadores de texanos y los que hablan puro spanglish. En verdad siento que sobran en el mundo.
– Los novios o esposos de Megan Fox, Scarlett Johansson, Heather Graham, Katy Perry, Michelle Wild, etc. Por pura envidia.
– Los egocéntricos. Gente de alta pedantería como Oscar González Loyo, el escultor Sebastián, el cardenal Norberto, etc. Cualquier babosete que navegue con bandera de vaca sagrada se vuelve blanco de mis misiles. Esa gente que en base a algo que solamente existe en su cabeza y en la de sus eunucos te mira para abajo, que habla de sí mismo en tercera persona (eso es cool nada más en el Dr. Doom), que depende y necesita que le estén diciendo que es un semidiós y si nadie se lo dice lo trata de pregonar. Y sus aprendices, claro está, gente que se deslumbra con ellos y adopta la misma actitud, que yo conozco y cuyos egos han tenido que ser aplastados por mí, por su bien nada más.
– Las divas sin curvas. Por cualquier motivo imaginable, tengo una repulsión marcada, visceral y furiosa contra las modelos, actrices, pornstars, y cualquier mujer que viva del entretenimiento explotando la sexualidad, pero que no tenga unas boobs impresionantes. Por eso a veces tengo broncas con Juliette Lewis, Milla Jovovich, Gwen Stefani, Rihanna, la que le caiga el saco. Digo, si tienen el dinero y viven de dar espectáculo, háganlo completo.
– Las teens embarazadas. Sin explicación. Pero me enfurece verlas.
Y ahí le paro, o nunca acabo

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Reseña: Pixie en los Suburbios, redux

Una ocasión, en la primera mitad de los años 90, me hicieron el regalo bienintencionado de un paquete que traía dos de los más famosos best-sellers de la literatura moderna en México, y ambos del mismo autor. Uno era Juventud en Éxtasis, y el otro La Fuerza de Sheccid, y los que  sepan un poco de la reputación de este par de absolutos desperdicios se imaginarán que leerlos más por obligación que por elección no fue uno de los momentos más añorados de mi primera adolescencia.  Al contrario, sentí que estaba leyendo a uno de esos adictos a los librejos de autoayuda, un loser con un poco de visión pero más bien suerte que talento (como hubiera querido ser el padre de Olive, en Little Miss Sunshine), alguien que pegó con una forma rebuscada de dar su Lista de los 20 Consejos Obvios para No Morir de Gonorrea, vía el conveniente relato de unos adolescentes irreales y gustosos de aprender.

Ni se te ocurra. De verdad.

 

Claro, la odié como sólo puede hacerlo alguien al que están regañando sutilmente a través de uno de sus gustos, y por algo que todavía ni estaba haciendo. Era, creo, el regalo que más de una generación de padres estaba esperando para darle a sus hijos algo qué leer y no tener que hablar de sexo con ellos. ¿Alguna duda? Lee el libro, hijo/a, ahí te dicen cómo opera el asunto y a qué temerle, con muchas referencias a la Biblia. La chafa novelización era el pretexto para meterle a uno prejuicios y miedos a la vez que porras y consejos conservadores, de familias perfectas, de gente ingenua. Y así escribió varios más, pero ya no me los quise chutar. ¿Saben lo que más me molestó y no me dejaba en paz?  Los nombres y apellidos imposibles, totalmente fuera de lo común, de sonido “místico” y muy, muy mamertos en mi opinión. Y decidí que cualquier otro escritor mexicano que me viniera con esas nomenclaturas pretenciosas, no me haría considerar el pasar de leer la contraportada.

 

El Máster Chíf en persona.

 

Hasta que por un feliz accidente llegué a TdQ, y con ese acceso conocí los envolventes escritos de un tipo cuyo nombre se me antojaba de novela de Carlos Cuauhtémoc Sánchez (el escritor formulaico que irónicamente me hizo odiar siendo ateo los nombres fuera del santoral). El mismísimo Ruy Xoconostle Waye. De principio no lo identifiqué como el jefe de los otros editores y escritores del sitio, ya que no me esperaba que en los podcasts un subalterno pudiera con toda naturalidad decirle idiota, güey y pendejo a su jefe, como si en verdad fuera su cuate.  Ya después vi que una cosa no estaba peleada con la otra, aunque yo nunca he tenido un jefe así.

Nada qué ver.

 

Supe, con el tiempo en TdQ, que tenía publicados dos libros relacionados entre sí, y que estaba en proceso de completar el tercero. No sé si en algún momento llegaron a Aguascalientes, pero no los conseguí en el 2007 y 2008 que me di mis vueltas por las librerías más conocidas. En algún momento del año pasado un buen samaritano se ofreció a conseguirlos y mandármelos como obsequio a mi casa, y no me la podía creer. Al fin leería los libros que surgieron de ese autor bien nutrido de pop culture, de largos pero fluidos y entretenidos artículos. Una persona que no tengo el gusto de conocer en trato directo, pero que no me podría caer mejor.

 

 

Rompí sin clemencia ni objeciones mi regla de los nombres absurdos de objetos y sujetos. Me valió y abracé sin más una realidad donde vive un Cuki Pirulazao. Un Clavius. Una Pixie. Una Midyet. Un Mod, un Danilo, un Putrefoy. Las ptitsas, los vecos, el fido, los cancros, la gulivera. Ignoro en su mayoría cuál haya sido el proceso para bautizarlos, pero ya los tengo anclados a cada personaje de modo que otro nombre nomás no les quedaría. Y contribuye al extraño surrealismo de ese mundo con robots sirvientes, con el fatídico atacante mitológico y la princesa con un empleo nimio. Hasta tiene un razonamiento casi verosímil de por qué los 27 años es la edad perfecta de nuestras vidas. “Gran comienzo para mí.”, pensé: “Al carajo las reglas, me vale madre, a leer lo que viene, que viene bien y bien lo vale.”

 

 

Hace unos días, subió a la red su Pixie en los Suburbios, edición redux, de modo gratuito. Poco después, los extras del libro. Y a partir de este viernes 30 de abril va a subir La Vida sin Pixie, segunda obra ubicada en el mismo universo y muchos de los mismos personajes que la primera. Sería imperdonable dejar pasar esta oportunidad, se los digo con toda la seriedad que no me caracteriza.

Ya terminé el redux, y está más allá de lo que esperaba. Conecta a muchos de mis referentes (de American Psycho a Halo, a Dune, el Nadsat y Star Wars) pero me enriquece generosamente con otros, quizá viejos – y por lo tanto nuevos para mí- que en ningún momento siento inadecuados ni superfluos para entender el despedorre que truena en la cabeza de Cuki Pirulazao.

 

 

Frenético en los momentos decisivos de su vida personal, inmerso en el marasmo a la hora de las decisiones laborales, este buen huevonazo con suerte tragicómica se las arregla para meter la pata cada vez que la vida le pide algo de huevos para tomar lo que realmente quiere y opinar lo que realmente piensa. Inevitable, acaba pagando el precio conformista de quedarse con lo que irónicamente merece por cobarde y desprecia por irresponsable. Lo peor es que está plenamente consciente de todo, y se permite llegar al borde de lo soportable mientras corta delgadas rebanadas de aceptación y esperanza al contacto fugaz con Pixie Halliburton, su Pixie, su Pixie Pixel.

Ya no tengo 27 años. Casi nadie que lea esto me conoció a esa edad, pero lo que sí me conocieron sabrán que mis aspiraciones no llegaban al grado de idealismo romántico ni al abismal desprecio sardónico de que es capaz Cuki cuando expresa lo que trae embotellado a presión (social, laboral, marital), pero está bien. El tipo es un personaje ficticio, le es permitdo y hasta requerido tener esos vuelos dramáticos. Lo que no me impide saber cómo debió sentirse, cómo se dio cuenta de tantas irrealidades, y dónde encontró su inmerecida recompensa, siempre, como yo y como casi todos, improvisando y tomando al fin riesgos mal calculados.

 

Un día en la vida.

 

Al leerlo, soy él. Soy identificable pero nunca idéntico. Soy Cuki Pirulazao en porcentajes variables. Soy lo contrario de los personajes de C. C. Sánchez, por Zeus. Soy un personaje de Kevin Smith viviendo por error un script para George Clooney. Soy un súper-saiyajin al revés. Soy fan, desbloqueando tardíamente un logro bien pensado por un escritor admirado, alimentando el poderoso vicio, el placer de leer.

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10 Razones Contra el Matrimonio Gay

(Traducido de un correo que recibí, nada más las imágenes las seleccioné yo.  Ojalá les guste)

1.- No es natural. Las personas legalmente capaces del matrimonio rechazamos lo innatural, como el aire acondicionado, el polyester, los lentes de contacto, las vacunas, etc.

2.- El matrimonio gay hará que más gente se vuelva homosexual. Del mismo modo en que juntarse con gente alta te transformará en alguien más alto.

3.- Legalizar el amor homosexual abrirá la puerta a comportamiento demencial, y pronto la gente querrá casarse con sus mascotas que puedan tener derechos humanos y firmar un contrato en la legalidad. Luego seguirán los robots, cuidado.

4.- El matrimonio heterosexual ha estado aquí por milenios y nada ha cambiado: las mujeres siguen siendo propiedad, los negros no se casan con blancos, y el divorcio aún está prohibido.

5.- El matrimonio hetero será menos significativo y solemne, se degradará si se legaliza la unión gay. La santidad del matrimonio por diversión de 55 horas de Britney Spears quedaría destruida.

6.- Los matrimonios verdaderos son válidos porque procrean hijos, no por el amor. A las parejas gay, los infértiles, la gente vieja y los que no quieran tener hijos no se les debe permitir casarse jamás, porque los orfanatos no están llenos aún y el planeta necesita más población.

7.- Obviamente los padres gay solamente criarán hijos gay, dado que las parejas hetero solamente tienen hijos hetero.

8.- El matrimonio gay no es apoyado por la religión. En una teocracia como la nuestra, los prejuicios de una religión deben ser impuestos a toda la ciudadanía. Por eso solamente existe una religión en todo México y en todo el mundo. No importa que Jesús nunca haya condenado la homosexualidad.

9.- Los hijos de parejas gay jamás podrán tener éxito en la vida sin un modelo a seguir de madre y padre. Por eso la sociedad prohíbe expresamente que madres y padres solteros o divorciados críen hijos.

10.- El matrimonio gay alterará la base de nuestra sociedad. Nunca podremos adaptarnos a cambios sociales ni culturales como ese. Por eso no nos hemos podido adaptar a los automóviles, la democracia, jornadas de trabajo de 8 horas ni la música en inglés, ni el Internet.

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